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sábado, 26 de abril de 2008
martes, 12 de febrero de 2008
EL NUEVO ROSTRO DEL HIV/SID
Las niñas y las mujeres son especialmente vulnerables al VIH y al SIDA. Más de la mitad de las personas que viven actualmente con el VIH en el mundo son mujeres, una situación muy diferente de la que había durante las primeras etapas de la epidemia, cuando el SIDA afectaba esencialmente a los hombres.
Las jóvenes corren un riesgo elevado de contraer la infección. Esto es especialmente cierto en África subsahariana, la región más afectada por el VIH/SIDA. En esta región, dos de cada tres personas de 15 a 24 años recién infectadas son mujeres.
En el caso de los adolescentes de 15 a 19 años, cinco o seis niñas contraen la infección por cada varón en las regiones más duramente afectadas. Esta tendencia -que refleja una "mezcla de edades" o la existencia de relaciones sexuales entre hombres maduros y mujeres más jóvenes- se da también en otras regiones. Ni siquiera el matrimonio, sobre todo cuando ocurre demasiado temprano, ofrece a las mujeres ninguna garantía contra la infección.
Los datos indican que una importante proporción de infecciones se deben a la violencia de género que se produce en el hogar, la escuela, el lugar de trabajo y en otras situaciones sociales. Una mujer a quien se obliga a tener relaciones sexuales es incluso más vulnerable a la infección, y cuánto más joven es, más riesgos corre de contraer el VIH.
Debido a su fisiología, las mujeres y las niñas son más vulnerables a la infección, y este riesgo se agrava aún más debido a la desigualdad de género. Las mujeres y las niñas son a menudo pobres, carecen de poder, tienen menos instrucción y les resulta más difícil acceder a la propiedad de la tierra, al crédito o al dinero en efectivo, y a los servicios sociales.
La pobreza, la falta de instrucción y el desempleo llevan a menudo a que la única opción económica viable para las niñas y las mujeres sea el comercio sexual. En las comunidades afectadas por el SIDA, las "relaciones sexuales para sobrevivir" son moneda corriente que se intercambia por alimentos, dinero, vivienda e incluso la posibilidad de recibir una educación.
Los conflictos -así como la violencia y la pobreza que provocan- agravan estos ataques contra los derechos humanos, a medida que se derrumban las comunidades y se destruyen los servicios básicos. Se sabe que la violación es un instrumento de guerra. Y las mujeres y los niños son víctimas de la violencia sexual en los abarrotados campamentos de refugiados o de personas desplazadas, donde la seguridad deja mucho que desear.
El VIH/SIDA no se propaga solamente debido a la desigualdad entre hombres y mujeres, sino que incluso agrava esta situación. Un buen ejemplo es la educación. Antes de la epidemia, las niñas tenían menos posibilidades de recibir una educación que los niños. Hoy en día, los niños y las niñas abandonan la escuela para ocuparse de sus progenitores enfermos de SIDA, y en Zimbabwe, por ejemplo, un 70% de quienes se ocupan de sus familiares son niñas.
Una vez que abandonan la escuela, la vulnerabilidad de las niñas se agrava. Ya no tienen acceso a informaciones que podrían salvarles la vida ni pueden aprender a defender sus intereses, tanto en la esfera económica como social.
La escuela es en efecto una de las mejores defensas contra la infección por VIH. Todo indica que las niñas que se mantienen en la escuela retrasan sus primeras relaciones sexuales, tienen más información sobre la prevención y comprenden mejor las pruebas del VIH. Y las escuelas son el mejor lugar para difundir las informaciones sobre la prevención del VIH y de convencer a los jóvenes que adopten comportamientos sociales a largo plazo que les permitan protegerse contra la enfermedad.
Pero que las niñas se mantengan en la escuela no es suficiente. Las niñas deben tener acceso a servicios de salud que tomen en cuenta las necesidades de los jóvenes y deben crecer en un entorno protector, al abrigo de la violencia, de los malos tratos y de la explotación.
Contar con la participación de los niños y de los hombres
Además, es preciso reforzar la protección jurídica de las mujeres y el derecho a heredar propiedades y otros bienes productivos, y eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas. Las mujeres y las niñas deben también tener acceso a tratamientos, cuidados y servicios de prevención contra el VIH.
Pero estas desigualdades no desaparecerán si los hombres y los muchachos no participan plenamente y asumen la responsabilidad de sus acciones. Los hombres y los muchachos no deben tolerar ningún tipo de violencia contra las mujeres ni las niñas, y deben abstenerse de todo comportamiento sexual peligroso. Y los progenitores deben comprometerse a dar una educación a sus hijas.
Las jóvenes corren un riesgo elevado de contraer la infección. Esto es especialmente cierto en África subsahariana, la región más afectada por el VIH/SIDA. En esta región, dos de cada tres personas de 15 a 24 años recién infectadas son mujeres.
En el caso de los adolescentes de 15 a 19 años, cinco o seis niñas contraen la infección por cada varón en las regiones más duramente afectadas. Esta tendencia -que refleja una "mezcla de edades" o la existencia de relaciones sexuales entre hombres maduros y mujeres más jóvenes- se da también en otras regiones. Ni siquiera el matrimonio, sobre todo cuando ocurre demasiado temprano, ofrece a las mujeres ninguna garantía contra la infección.
Los datos indican que una importante proporción de infecciones se deben a la violencia de género que se produce en el hogar, la escuela, el lugar de trabajo y en otras situaciones sociales. Una mujer a quien se obliga a tener relaciones sexuales es incluso más vulnerable a la infección, y cuánto más joven es, más riesgos corre de contraer el VIH.
Debido a su fisiología, las mujeres y las niñas son más vulnerables a la infección, y este riesgo se agrava aún más debido a la desigualdad de género. Las mujeres y las niñas son a menudo pobres, carecen de poder, tienen menos instrucción y les resulta más difícil acceder a la propiedad de la tierra, al crédito o al dinero en efectivo, y a los servicios sociales.
La pobreza, la falta de instrucción y el desempleo llevan a menudo a que la única opción económica viable para las niñas y las mujeres sea el comercio sexual. En las comunidades afectadas por el SIDA, las "relaciones sexuales para sobrevivir" son moneda corriente que se intercambia por alimentos, dinero, vivienda e incluso la posibilidad de recibir una educación.
Los conflictos -así como la violencia y la pobreza que provocan- agravan estos ataques contra los derechos humanos, a medida que se derrumban las comunidades y se destruyen los servicios básicos. Se sabe que la violación es un instrumento de guerra. Y las mujeres y los niños son víctimas de la violencia sexual en los abarrotados campamentos de refugiados o de personas desplazadas, donde la seguridad deja mucho que desear.
El VIH/SIDA no se propaga solamente debido a la desigualdad entre hombres y mujeres, sino que incluso agrava esta situación. Un buen ejemplo es la educación. Antes de la epidemia, las niñas tenían menos posibilidades de recibir una educación que los niños. Hoy en día, los niños y las niñas abandonan la escuela para ocuparse de sus progenitores enfermos de SIDA, y en Zimbabwe, por ejemplo, un 70% de quienes se ocupan de sus familiares son niñas.
Una vez que abandonan la escuela, la vulnerabilidad de las niñas se agrava. Ya no tienen acceso a informaciones que podrían salvarles la vida ni pueden aprender a defender sus intereses, tanto en la esfera económica como social.
La escuela es en efecto una de las mejores defensas contra la infección por VIH. Todo indica que las niñas que se mantienen en la escuela retrasan sus primeras relaciones sexuales, tienen más información sobre la prevención y comprenden mejor las pruebas del VIH. Y las escuelas son el mejor lugar para difundir las informaciones sobre la prevención del VIH y de convencer a los jóvenes que adopten comportamientos sociales a largo plazo que les permitan protegerse contra la enfermedad.
Pero que las niñas se mantengan en la escuela no es suficiente. Las niñas deben tener acceso a servicios de salud que tomen en cuenta las necesidades de los jóvenes y deben crecer en un entorno protector, al abrigo de la violencia, de los malos tratos y de la explotación.
Contar con la participación de los niños y de los hombres
Además, es preciso reforzar la protección jurídica de las mujeres y el derecho a heredar propiedades y otros bienes productivos, y eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas. Las mujeres y las niñas deben también tener acceso a tratamientos, cuidados y servicios de prevención contra el VIH.
Pero estas desigualdades no desaparecerán si los hombres y los muchachos no participan plenamente y asumen la responsabilidad de sus acciones. Los hombres y los muchachos no deben tolerar ningún tipo de violencia contra las mujeres ni las niñas, y deben abstenerse de todo comportamiento sexual peligroso. Y los progenitores deben comprometerse a dar una educación a sus hijas.
Fuente: UNICEF
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INFORMACION,
PREVENCION
jueves, 31 de enero de 2008
CUIDEMOS A LOS CHICOS
La cocina es uno de los lugares que presenta más posibilidades de riesgo en nuestras casas. A ello se suma, por parte de los niños, la necesidad de conocer e investigar.Las principales situaciones de riesgo son:
• Mangos de utensilios de cocina asomando de las mesadas o cajones mal cerrados.
• Cubiertos al alcance de las manos (especialmente si son de colores llamativos).
• Diversos artefactos eléctricos.
• Comidas y líquidos calientes.
• Perillas de cocina que puedan abrirse fácilmente
• Puertas de hornos de cocina donde sentarse, subir o tocar.
• Frascos y vasos de vidrio que se rompen con facilidad.
• Envases conteniendo elementos tóxicos o productos de limpieza tóxicos al alcance de los niños.
• Microondas y multiprocesadoras.
• Frascos y vasos de vidrio que se rompen con facilidad.
• Envases conteniendo elementos tóxicos o productos de limpieza tóxicos al alcance de los niños.
• Microondas y multiprocesadoras.
Formas de prevención:
=Vigilar continuamente a los niños
=No dejar nada sobre mesadas o cocinas que pueda ser visto por los niños desde abajo. =Cocinar y calentar siempre con las hornallas de la parte trasera de la cocina.
=Todo recipiente con mango o manijas en el fuego debe orientarse para que no pueda ser alcanzado por los niños.
=Cerrar la llave de entrada de gas en la cocina.
=Colocar protección contra descargas eléctricas de la instalación(disyuntores)
=Guardar lejos del alcance de los niños los vasos y botellas de vidrio así como también cubiertos, abrelatas, sacacorchos, etc.
=No dejar cerca de las mesadas, sillas o bancos que puedan ser utilizados por los niños para trepar.
=Guardar los elementos tóxicos y productos de limpieza en lugares altos y en lo posible bajo llave.
=No permitir que los niños jueguen en la cocina o entren mientras se prepara la comida.
=Tratar que la cocina no sea el paso obligado de los pequeños.
=No permitir que los chicos estén en la cocina cuando se manipulan elementos calientes.
=Mantener los encendedores y fósoros fuera del alcance de los niños.
RECUERDE QUE:
A medida que los niños comienzan a comprender, se les debe indicar todos los peligros que existen en la cocina y el modo de prevenirlos.
Explicarles, también, que hay ciertas maniobras que solo pueden hacerlas los adultos.
Del MANUAL DE PREVENCIÓN DE ACCIDENTES de la SOCIEDAD ARGENTINA DE PEDATRIA
miércoles, 30 de enero de 2008
domingo, 13 de enero de 2008
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